
La historia de Aurelio Casillas, un hombre humilde que se convirtió en el más rico y poderoso narcotraficante de México. Para lograrlo, fue capaz de cualquier cosa, y para mantenerlo, estuvo dispuesto a ir más allá.

Una cámara oculta es útil para identificar a los agentes de la DEA que acosan a Mecha. Casillas presiona a La Soberana para tener una cita; ella teme que Aurelio ya sepa la verdad.

Aurelio le exige a Caridad y Saade que le aclaren de qué lado juegan, es un hecho que las autoridades llegaron a Ismael de alguna forma, esto huele mal, hay gato encerrado.

Una franca conversación con Pablos deja claro que Javi no se deja corromper y va por su objetivo, haberse metido con su sangre le costará muy caro al colombiano. Rutila huele el peligro.

Con los ojos vendados y acompañada por los custodios de Aurelio, La Soberana llega a la cita con él. Un broche en su cabellera llama la atención, como a todo un experto no se le escapa nada.

La Soberana le ofrece su ayuda a Aurelio para saldar cuentas con la mujer de la DEA y promete hacerle pagar por todo lo que le hicieron en el Área 51. Una llamada desconcierta a Tracy.

Tracy se las arregla para no ser descubierta, pero la amenaza de muerte está latente. Aurelio le dice en su cara que quien lo torturó vivirá hasta el día en que la encuentre. Manzano toma medidas.

El desmayo de Mecha llega a oídos de Aurelio, él saca conclusiones y la llama, ella responde vacilante y lo desafía: es mejor que siga con su vida, que ella seguirá con la suya.

Aurelio quiere que Mecha y su hijo vivan con él para protegerlos, pero no es fácil convencerla, ella pone los puntos sobre las íes. Rutila va a Colombia, desea estar con Javi y apoyarlo.